digamos qué digamos más

...terminó sentado en la esquina del techo del galpón del fondo del terreno, miró su reloj, eran las siete, por fin había entendido lo que la paloma, que se sentaba justamente ahí a esas horas, solía cantar...
Mateo en su cuarto dijo, a las puteadas, ¡cómo odio el canto de esa paloma!. Se asomó por la ventana para tirar un cascote pero, vio a su amigo Martín sentado en la esquina del techo del galpón del fondo del terreno, justamente ahí a esas horas, solía cantar la paloma...

nadie ha dicho nada

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