Quererte tanto

 quererte tanto
que tu alma viva en mi planta y primer piso
quererte tanto
que también estés en el sótano y la cochera

quererte tanto
que las flores exhalen solo tu nombre
que el viento solo de ti hable
que los árboles formen tu rostro

quererte tanto
que todos los ríos conduzcan a tus brazos
quererte tanto
que todas las estrellas parezcan tus ojos

quererte tanto
que ya nadie me pregunte cómo ando
sino si ya pude verte hoy, si ya pude besarte hoy

quererte tanto
que el cartero ya no se fije en el destinatario de mis cartas
que la operadora siempre me comunique con vos

quererte tanto
que te dedico todas mis canciones
que inspiras todos mis poemas
que solo dibujo tus facciones

quererte tanto
que el día que mueras
yo ya habré muerto
para abrirte las puertas del cielo

dos pares

Me levanté, como todas las mañanas, batallando con la fiaca, pospuse 3 veces la alarma como siempre, o sea dormitando treinta minutos más de la hora original, desconecté el cargador del teléfono y me fui a calzar, pero algo inusual me esperaba, junto a mis alpargatas verdes, había no uno, sino dos pares de crocs, pero lo aún más extraño era el tamaño, eran diminutas! como para un bebé! Enseguida empecé a inspeccionar la habitación pero nada más parecía diferente, así que me empilché un poco y salí a la sala, llamando en viva voz a la criatura, o criaturas, que se habían inmiscuido en mi casa. Mi sorpresa fue enorme cuando escuché un maullido en la cocina, yo no tengo mascota. Me aventuré, y qué había! qué podía haber! un gato negro preparando café. Y eso no es todo, habló!
Me dijo -Sentate, ya te llevo una taza para vos, y unas tostadas que hice-.
Atiné a decir -Bueno, está bien- y -traé la mermelada de frutos rojos-.
-Cómo no-. Respondió. -Ah, eso sí, me alcanzás las crocs que dejé en la pieza, me levanté muy dormido esta mañana-.
Resulta que el gato también había visto un calzado extraño cuando se levantó esta mañana, de alguna forma nuestros mundos se habían unido en el comienzo del día. Él también tomaba un café y una tostada con mermelada para el desayuno, y mientras seguíamos charlando, más nos dábamos cuenta de que eramos la misma persona, solo que cambiaba nuestra forma, en nuestras respectivas dimensiones. Le decimos dimensiones porque es la palabra que los dos encontrábamos más adecuada, pero la verdad debe ser más profunda. Y pasaremos todo el resto del día intentando encontrarla.

la vida

que no me duela más
no ser lo debido, lo soñado
tener como una jaula de sombrero
anteojos muy oscuros

ver la estatua en la plaza
ver las ramas secas en el árbol
saber que la inundación se llevará
lo poco construido

no dar más de no dar más
una tragedia escrita y dirigida
actuada en mi propio teatro

saber que los caminos los elige uno?
o echar culpas
de todas formas lo sensato es
seguir adelante, con las cartas en la mano
que a veces el corazón se acongoje
para poder respirar de vuelta
que una sonrisa se dibuje
para seguir dibujando

quizá hay que cambiar el cassette
un rato
ir a labrar la tierra
aprovechar la primavera
lavar la ropa
sacar una hoja en blanco
entintar la pluma
echar las moscas de la casa
(es importante poner el corazón en lo que se hace)

valorar
aunque no sepamos qué hay detrás del horizonte

Volvernos a ver

Nunca pensé que nos volveríamos a ver
pero se ve que la muerte solo es un sueño
no un final

los camino crecen como una enredadera
los trenes distribuyen madera y carbón

tus ojos son como frutillas, que encuentro
mientras riego el jardín

los libros vuelven a ser escritos
las bibliotecas se incendian
y de la ceniza del árbol surgirá vida nueva

me tomo unos mates mientras espero
escucho el rumor de los ríos
escucho voces que flotan
y te reconozco caminando
o escribiendo en un banco de la plaza