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de esa raza

desarraigo emocional y temperamentos de lata
una caja pequeñita y risueña
descubre el telón húmedo, tibio, amarillo

descendientes muertos, acribillados
de corazón tierno, que venden, en la esquina, la carnicería
está por venir
tormenta sana
indómita
iletrada
titánica y supera
las temperaturas habituales
descostillándose de cenizas
albareques, situaciones
de control inercial
una agencia gubernamental
me sigue los pasos
apresurados
improvisados
de equilibrista

no supe más del diario
y el traje de estrellas
de guirnaldas cerezas
y frutillas parásitas
depreda
clava en la estaca
que vea el pueblo
qué clase de ciervo lleva el arado

sin saber tanto se hablan muchas cosas
sin tener grados, revientan el mercurio
por favor, trae el tabaco
y arremete con el frío
con la vivaz imagen de un ángel azul
encerrado en una esfera

de esa raza estamos llenos
a vivos colores
sentidos cantores entierran el asta
y la bandera tiene olor
sin soplar y sin chistar
nombra 4 pájaros del terruño.

ese miedo

ese miedo a estar vacío por dentro
ese miedo, otras veces, a explotar
ese miedo, a que se detenga el río
ese miedo, otras veces, que nunca vaya a parar

el concreto
   del poema o la red
          terminada
    que es como una calada
                 de aire fresco y húmedo

ese ahora, ese después, ese antes
         ese nunca, ese siempre
              que cambian
                     irremediablemente

el caballo pasa montado
         o a veces suelto
               ahí vamos
                     sin libertad
                           y no sabemos
                     con libertad
                           y no sabemos

un día

I

No hay bolsa en el tacho;
El cenicero
Último reducto de las colillas
Comienza a trastornarse,
Piel, madera,
Lluvia de televisor.

II

El ducto no se complace.
La abeja danza autodidacta.

Ella las mataba
Con flechas campestres.

Quince florescencias al día.

Si no muere en el intento.

ya ves

Y no sé si fueron las pastillas antipsicóticas o la abstinencia de alcohol, o quizá la sangre en la vena que se le fue acumulando de tanto pensar, pero empezó a escribir, alimentó su locura, dijo, tal vez, si no puedo frenarlo, pues, le daré cuerda, y así, lo estrafalario, eso que lo llevo a ser alejado de la sociedad, de repente, lo vuelve comunicativo, activo socialmente, ¡escritor!, toda la vida diciéndonos que era poeta, pero solo hacia paparuleadas, ¡verduras!, ¡por ahí venia la cosa!, tenia que safárcele un tornillo, eso no lo decía, lo que veía, nos inventaba una imagen de santito, de curado, de encausado, estaba bien chapita, pero vió, cómo es la vida, lo chapita, a la luz, es buena mercancía, una vez que representó el papel que la sociedad le había dado, él dejo de verse con malos ojos, se dio vida, ya la tenia, solo que por alguna puta razón se reprimía, ¡mi dios!, era bueno, ¡pero ya no le daban bola!, estaba buscando eso, la aceptación social, tuvo que darse cuenta así, hermano, ¡hay que ser uno mismo!, y cultivar lo suyo, qué decir, si tu jardín ya tiene todo crecido, como vas a talar todo, siempre vuelve, y claro, si es toda una vida, oculta, pero viva, ¡va madre!, ¡viva! y el gil, rompiendo por otra, no se cansaba la sociedad, hasta que se canso, y él también, se cansaron, nos cansamos de la idiotez, ¡el invento!, el invento era uno, del otro, del malo, invento del malo, seguro, cómo va a andar seguro, pobre chico, con lo malo siempre pasa eso, no se llega a ninguna parte, pero bueno, al fin, bienvenido sea, hijo, que siga así, que va bien, eso es, no me afloje, dele no más, que va bien, ea, vaya con dios, ¿eh?, y cuidado de volver a lo bobo, que usted es hombre, ¿eh?, ¿qué dice?, es un amor, ah, da gusto, así me gusta, crezca y traiga más de ese pan a la mesa, por fin, hijo, mil gracias al cielo, ...

ella y yo y el espíritu santo

ella me quería
yo
no supe verlo

ella me buscaba
yo
me iba más lejos

     y como no hay fogata
                      sin leños

                       poco
                       a poco
                       la margarita
                       se fue pudriendo

      hasta que un día
      sin invitación ni aviso previo
                 lo velaron
                        junto al
                                 mar,
 al amor destinado a ser un poema
    de ignorancia y triste pena.

útero de música (amor nº 1)

vengo a soldar
con la luz de mis ojos
sobre tablas del otro mundo
las alabanzas
que me nacen
por los colores de tu alma

mi corazón
la lámpara
que se enciende
cuando ocupamos el mismo espacio

navégame
no te quedes quieta

cuando hayas ordenado todas las piezas
cuando hayas pintado todas mis venas

que la muerte nos separe

el corte

       terminó mal
            pimpollo
 pa' pend/
    pa' el corte
que cobré
   que laburo por
  una mano y una
muñeca que se las quiere
     dar de dolida
 vení rubia! morena!
          peligosa!
               grosa!
        boquiabierta, ábrete
     de cierras, y que pase
 otro te-quila, de aquí, no
   nos vamos hasta que la
    camilla y el chaleco no
   estén bien apretados
                      chau

si

si puedes leer éste poema
no es para vos este poema
es para
los que ven
para esos ojos que miran
                       miran
                                   miran
                          lo que no entienden
                          si puedes entender
                                este poema
                              no es para vos

el cuento de poesía y verdad

avanzaba, vacilando en su especie, de sangre que viaja por el aire, memoria que existe como los árboles en el campo que tan solo hay que saber ver, el suelo, artesanía de gigantes, el camino era largo con todos sus avatares incluidos, se movían rápido los extremos, de la carta astral tapada por un blanco de nube inmóvil, solidificada, solo sabemos que no le importa, ni ya ni nunca, tener alas, que sus ojos quizás ciegos no ven que se avecina como un meteoro, la muerte aún no dada, ignorada por todos, después de tanto andar, un musgo azul con su agua aquí, tierra civilizada y salvaje, cuando por fin la carne y el hueso aplastaron su abdomen, sus dientes hincaron sus reflejos de grano de arena en el mar de la lucha que late, era, tan así, otra hormiga, y dije -algo me ha herido-, tuerzo la pierna del transito y veo, en la planta rosa apenas, un cuerpo negro, que espanto de su ya quietud última (hasta ser viento) con mi mano de poeta, y este poema había nacido.