Me levanté, como todas las mañanas, batallando con la fiaca, pospuse 3 veces la alarma como siempre, o sea dormitando treinta minutos más de la hora original, desconecté el cargador del teléfono y me fui a calzar, pero algo inusual me esperaba, junto a mis alpargatas verdes, había no uno, sino dos pares de crocs, pero lo aún más extraño era el tamaño, eran diminutas! como para un bebé! Enseguida empecé a inspeccionar la habitación pero nada más parecía diferente, así que me empilché un poco y salí a la sala, llamando en viva voz a la criatura, o criaturas, que se habían inmiscuido en mi casa. Mi sorpresa fue enorme cuando escuché un maullido en la cocina, yo no tengo mascota. Me aventuré, y qué había! qué podía haber! un gato negro preparando café. Y eso no es todo, habló!
Me dijo -Sentate, ya te llevo una taza para vos, y unas tostadas que hice-.
Atiné a decir -Bueno, está bien- y -traé la mermelada de frutos rojos-.
-Cómo no-. Respondió. -Ah, eso sí, me alcanzás las crocs que dejé en la pieza, me levanté muy dormido esta mañana-.
Resulta que el gato también había visto un calzado extraño cuando se levantó esta mañana, de alguna forma nuestros mundos se habían unido en el comienzo del día. Él también tomaba un café y una tostada con mermelada para el desayuno, y mientras seguíamos charlando, más nos dábamos cuenta de que eramos la misma persona, solo que cambiaba nuestra forma, en nuestras respectivas dimensiones. Le decimos dimensiones porque es la palabra que los dos encontrábamos más adecuada, pero la verdad debe ser más profunda. Y pasaremos todo el resto del día intentando encontrarla.