Escucho, tal vez en sueños,
augurios de gatos púrpuras
que se derrite la luna
en el mar,
que su nostalgia
la hizo, rodando, dormir.
Escucho el frenesí
en las luces de sus ojos,
las chispas que rebotan
en los pelos heridos o erizados.
Sin embargo
son músicas sus caras,
armonía en su llanto.
Quién sabe
sus lágrimas rueden
por la pendiente,
asciendan y renueven
la cara alba.
nadie ha dicho nada
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