cagamos

-Dios!- Cómo nos cagó ese hijo de puta.
Resulta que un buen día, después de años de prosperidad, un maldito -Dios!- nos cagó!, claro, nosotros teníamos todo, eramos buenos, nos tratábamos como hermanos, es más, ni sabíamos siquiera qué era la hermandad, pues era algo muy natural nuestro amor, muy de nosotros, pero un buen día, porque era otro de esos buenos días, un tipo -Dios!- nos cagó, nos cagó bien cagados, claro, cagamos, digamos, nos puso una trampa, puso un cajón de frutas, porque eran frutas, y el cajón todavía no se fabricaba, era un cajón de frutas, pero estaban envenenadas, pero no terminá ahí, también llevaban un elixir, claro, vos dirás, el elixir era el antídoto del veneno, pero no, el veneno era veneno, y el elixir era elixir, de vitalidad, casi que un pedazo de eternidad, tanto en el dolor como en la pena, como en belleza como en placer, y nosotros pudimos comer estas extrañas frutas, eran para nosotros, nos cayeron, nos alimentaron, eran para nosotros, entonces yo empecé a pensar que no nos había cagado -Dios!-, nos había dado alegría y también pesar, claro, vos dirás -sí, qué otra, ya no era la misma vida, es más, ya no la concebíamos como antes, ya no eramos los mismos, pero no habíamos muerto del todo, ni habíamos nacido plenamente, claro, dirás -hay un equilibrio, las muertes conllevan la misma cantidad de existencias en suma, pero no era así, no era una fruta simple, recién veo, todo el mundo era otro, claro, dirás -alucinaciones-, pero es que nosotros lo cambiábamos, lo que salía de nuestros cuerpos lo hacía de otra forma, creamos cosas nuevas de lo que ya había, y sí, este mundo no nos alcanzaba, empezamos a destruirlo, por primera vez, y también derramábamos nuestra sangre, todos estábamos maldiciendo a -Dios!- ese canalla, y todos -Ah! Dios!- lo amábamos, y los días ya no fueron buenos, fueron odiados por algunos, y otros los cubrían de una enorme luz, ya no había hermandad con el que no había tocado el regalo, la necesidad de matarlos y alimentarnos de ellos nos venció en algún momento, así los hacíamos participes de nuestra nueva situación, uniéndolos a nosotros, los contaminados, y los que ya habían comido nos daban más fruta, a veces resultaba beneficioso, a veces tomábamos una parte de veneno, y así la guerra estaba instaurada, y hubo muchos que la detenían, eran los que recibían un trozo de paz y querían trasmitirla, porque se despertaban sentimientos de generosidad cuando ésta entraba en el organismo, y muchas energías emanaban y de a poco se van yendo a otros mundos, claro, entran más, pero no de éstas frutas, éstas frutas nos dejarán... un buen día.

nadie ha dicho nada

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